Abdoulaye

Costa de Senegal

Escucha la historia de Abdoulaye en voz de Xavier Aldekoa.

Abdoulaye lo arriesgó todo para llegar a Europa. En el año 2003, intentó entrar a Melilla nadando. Pagó 600€ a un traficante que le dio un vestido de neopreno y una sola consigna: “Tienes que nadar hasta España, si vuelves, la policía marroquí te disparará”. Después de seis horas en el agua, a la deriva y muerto de frío, lo rescató una lancha de la policía fronteriza marroquí. Pero la pesadilla no había acabado: los uniformados lo trajeron a la frontera entre Marruecos y Argelia y, junto con decenas de inmigrantes más, los abandonaron en el desierto. “El hombre es un lobo para el hombre”, dice Abdoulaye cuando recuerda aquellos días. Cuando escapó, volvió a intentar llegar a Europa. La oportunidad le llegó como conductor de un cayuco. Cómo él sabía pilotar estas embarcaciones alargadas, los traficantes le ofrecieron traer la nave llena de inmigrantes a cambio de no cobrarle por el trayecto. Esta vez, consiguió llegar a destino. Después de vivir en Murcia y Zaragoza y trabajar en decenas de trabajos diferentes, obtuvo los papeles en 2005. No fue un camino fácil y las oportunidades de un futuro mejor no acababan de llegar. Por eso el 2014 decidió volver a casa. Gracias a un proyecto de ayudas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) por aquellas personas que quieren volver a su país, Abdoulaye consiguió ayudas para montar una granja de pollos en Senegal. Ahora, también sensibiliza a los más jóvenes: “Les explico que la vida en Europa no es fácil, y menos ahora, que no vale la pena arriesgarlo todo”.