Ibrahim

Malí

Ibrahim hace siete meses que vive en una estación de autobuses en Bamako, Malí. No tiene dinero para volver a su país ni para seguir adelante. En Sierra Leona, su país de origen, Ibrahim era jugador de fútbol profesional. Cuando cumplió 23 años, decidió dejar la casa de pescadores de sus padres en las afueras de Freetown con el sueño de llegar a Holanda y continuar la carrera de futbolista allá.

Con el impulso inicial y algunos ahorros, Ibrahim consiguió cruzar Sierra Leona, Guinea, Malí y Níger. Casi 3500 kilómetros en autobuses interminables, noches durmiendo en el suelo en medio de caminos y estaciones de autobús, y militares corruptos que le pedían dinero a cada paso. Cuando se encontró a las puertas de Libia, había gastado todos sus ahorros. Pero todavía tenía que cruzar el Sáhara, un desierto que, para los migrantes subsaharianos, a menudo significa yihadistas armados, secuestros e incluso la muerte. El miedo pudo con él.

Así pues, Ibrahim decidió volver a Bamako con un programa de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para buscar trabajo y quizás probar una nueva ruta. En Bamako ha vivido estos últimos meses, comiendo el arroz que le ofrecen en el albergue de la estación de Sonef. No ha encontrado trabajo pero sigue saliendo a correr cada mañana. Quiere mantenerse en forma para cuando pueda volver a jugar a fútbol. Para cuando consiga llegar a Europa.

* Texto de RUIDO Photo