Reportaje — 15

La migración senegalesa es también femenina

 

Texto: Clara Roig / RUIDO Photo
Fotografía: Pau Coll / RUIDO Photo
Gráfica: Roger P. Gironès
6 de marzo de 2020

 

La migración acostumbra a tener rostro de hombre. Pero los procesos migratorios también afectan a las mujeres y de forma muy diversa, tanto aquellas que se quedan en el país de origen como las que deciden migrar

 

La migración de Senegal a España o Europa acostumbra a tener rostro de hombre: porque son mayoría entre las personas que migran, los que ocupan los espacio públicos, los que hablan en nombre de su comunidad y los que aparecen en los medios. Pero la migración también afecta a las mujeres y de forma muy diversa. Tanto a las esposas, hijas y madres que se quedan en el país de origen, como aquellas que deciden migrar, ya sea por reagrupación familiar o de forma autónoma.

Senegal es tradicionalmente un país de migrantes. Existen pruebas de fenómenos migratorios intercontinentales que datan de siglos antes del triángulo esclavista (Europa-África-América), con la trata oriental que empezó en el siglo VII. Según explica la antropóloga Beatriz García a partir de su trabajo etnográfico en Senegal para el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), “el marido migrante es como un tipo sociocultural”.

Senegal es tradicionalmente un país de migrantes. El marido migrante es un «tipo sociocultural», tal y como lo define la antropóloga Beatriz García

“Incluso hay pueblos, como en Mbour, donde se comenta que un hombre que decide no migrar tiene más dificultades para tener esposa, porque se desprende que no tiene empeño para mejorar la vida de su familia”, añade. Por eso, concluye García, las mujeres están acostumbradas a pasar largas temporadas sin ver a sus maridos y a que la familia esté compuesta por unidades domésticas ubicadas en diferentes lugares. En la actualidad, debido a las distancias más amplias y por motivos políticos y legales, las mujeres se pueden pasar años sin ver a sus maridos. Aun así, el auge de los teléfonos móviles ha permitido que la separación física no suponga una ruptura.

Mapas de África y de Senegal. Se destacan las ciudades de donde son las mujeres que aparecen en los otros capítulos. Elaboración: RUIDO Photo.

Por otra parte, cada vez más las mujeres jóvenes de entre 15 y 29 años deciden migrar solas. Así lo recoge el último estudio sobre el perfil migratorio de Senegal elaborado en 2018 por la Agencia Estatal de la Estadística y la Demografía senegalesa (ANSD en sus siglas en francés) junto con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Aunque el porcentaje de mujeres que migran al extranjero no ha variado tanto —ha pasado de un 16% entre 1999-2008 a un 17% entre 2008-2012—, las mujeres han cambiado la forma de migrar. Si antes lo hacían como estudiantes o como esposas mediante la reagrupación familiar, ahora lo empiezan a hacer solas, en búsqueda de una independencia y una mejora económica y social que ya están desarrollando en su país mediante la inserción en el mercado laboral. ¿Pero de qué manera ha afectado la migración a los cambios en las relaciones de género?

Fatou Sarr Sow, reconocida socióloga senegalesa especializada en género, afirma que la migración ha ayudado a que las senegalesas que viven en el extranjero puedan renegociar las relaciones de género, por lo menos en sus hogares. En su estudio Migración, remesas y desarrollo local sensible al género. El caso de Senegal., realizado en 2010 para las agencias de la ONU, UN-INSTRAW y PNUD, Fatou Sarr argumenta que el acceso a los derechos de las mujeres que brindan los países de destino ha permitido a algunas mujeres independizarse y retar las jerarquías sociales entre hombres y mujeres.

Este proceso de lucha para renegociar el orden social establecido lo podemos ver en el caso de algunas de las entrevistadas, que se opusieron a la relación de desigualdad y/o violencia que padecían en su matrimonio. Aún así, al quererse separar, se encontraron con la oposición de su marido y sus padres, familia y comunidad, que mantienen la concepción tradicional del matrimonio.

La migración de mujeres senegalesas a países de destino que les brindan más derechos favorece a que se independicen y reten las jerarquías sociales entre hombres y mujeres

El matrimonio en Senegal está considerado como una unión familiar. En la mayoría de los casos, las mujeres se casan con tíos, primos o familiares lejanos y tras la unión, las mujeres van a vivir a la casa de la familia del marido. El matrimonio es un contrato social avalado por los padres que ofrece a la mujer un estatus social y recursos económicos fuera del hogar familiar. Es un paso indispensable a lo largo de la vida de las mujeres senegalesas.

La edad media en que se casan las senegalesas por primera vez es a los 20 años, edad que ha aumentado ligeramente en los últimos tiempos. Mientras que el 42% de las mujeres de 20-25 años están solteras, a la edad de 30-34 el porcentaje se reduce al 10% y entre las de 45-49 años, al 2%, según datos de la encuesta nacional demográfica y de la salud de 2017 (EDS en sus siglas en francés). La separación sigue siendo una opción minoritaria, con un 4% de mujeres divorciadas. Aunque los hombres tardan un poco más en casarse, el matrimonio es una práctica casi universal en la sociedad senegalesa.

Por su parte, Montserrat Solsona i Pairó, investigadora especializada en género y derechos sexuales y reproductivos asociada al Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, considera que los cambios en las relaciones de género de las mujeres senegalesas residentes en el extranjero se dan no tanto por el contacto directo con la sociedad occidental, sino por una nueva concepción del matrimonio emergente en Senegal. En su investigación, Cambio demográfico, migración y salud reproductiva. El papel de las mujeres senegalesas en la constitución de las familias, Solsona concluye que algunas mujeres quieren un patrón más equitativo en las relaciones de género y se sienten empoderadas para rechazar uniones a las cuales no están de acuerdo, especialmente la poligamia, que en 1997 afectaba al 47% de las mujeres y en 2017 al 32%. Este empoderamiento se atribuye, en parte, a las actividades remuneradas que empiezan a realizar las mujeres en Senegal, sobre todo en la venta, servicios y la agricultura, con las que adquieren cierta independencia económica.

 

Las mujeres que trabajan en el campo se unen en asociaciones de mujeres para aumentar la producción de sus huertos, como en este proyecto en Medina Boudialabou (Casamance), que cuenta con el apoyo de la ONG Acció Solidària i Logística (ASL).

 

Para las mujeres que se han quedado en Senegal, Fatou Sarr Sow considera que los procesos migratorios han generado pocos cambios en las relaciones de género. Aunque la migración de sus maridos les ha permitido mejorar sus condiciones de vida gracias a las remesas, estas apenas cubren todas las necesidades familiares y el papel que juegan en la economía local es insignificante. En general, suponen entre el 30% y el 80% de los ingresos en los hogares receptores. Las remesas no alcanzan para emprender un negocio y solo el 35% de las mujeres entrevistadas para el estudio complementan las remesas con sus propios ingresos, lo que provoca que ellas dependan del dinero que envían los hombres.

Así pues, el proceso migratorio de las mujeres es un síntoma de los cambios en los roles y las relaciones de género que están generando las mismas mujeres en el si de la sociedad senegalesa. Estos cambios las impulsaron a salir de viaje de forma autónoma e ir a vivir a otro país, donde su proceso de empoderamiento continúa hasta el punto de tener el coraje suficiente para retar las jerarquías sociales y las relaciones de desigualdad.

 

Evolución de la migración entre Senegal y España

Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Elaboración: RUIDO Photo.

España es el tercer país europeo con mayor presencia de población senegalesa, con 73.333 personas censadas según el Instituto Nacional de Estadística en 2019. La comunidad senegalesa es la primera entre la población subsahariana y el 30% vive en Cataluña (22.410). El resto se encuentra repartida por el resto de comunidades autónomas, especialmente en Andalucía (12.455), la Comunidad Valenciana (5.749), País Vasco (4.690) y las Islas Baleares (4.571). En Cataluña, la comunidad senegalesa se ha instalado alrededor de las capitales de provincia de Barcelona, Girona y Lleida, siendo Mataró, Salt y Granollers los municipios con un mayor volumen de población senegalesa.

La migración de Senegal a España inició en los años ochenta en un contexto de cierre de fronteras de otros países de la Unión Europea que ya tenían flujos migratorios con Senegal. En Francia, antigua metrópolis de la colonia, la población senegalesa empezó a llegar en el periodo entre las dos guerras mundiales por la demanda de mano de obra, y en Italia, en los años 70. Así pues, la primera inmigración senegalesa a España fue en su mayoría irregular.

La migración senegalesa hacia España se inició en los años ochenta de forma irregular. Desde entonces, la comunidad senegalesa es la primera entre la población subsahariana

Los primeros senegaleses identificados en la Península Ibérica fueron en la comarca del Maresme, en Cataluña, donde los migrantes —pues en su gran mayoría eran hombres—, se quedaban a trabajar en los campos agrícolas e invernaderos de fruticultura en su camino hacia Francia. No hay datos de la población senegalesa en España hasta 1986 y 1991, cuando se pusieron en marcha dos programas de regularización. Así se constató que la comunidad senegalesa era la segunda comunidad extranjera en España después de la marroquí y la primera entre la población de África subsahariana.

La población senegalesa ha ido aumentando poco a poco hasta el año 2001, cuando se empieza a producir un incremento sustancial y sostenido en el tiempo. En 12 años, del 1998 al 2010, la población senegalesa en España pasó de las 4.700 a las 60.000 personas. Hoy, las mujeres suponen un 20% de la población senegalesa, proporción que se ha mantenido más o menos en el tiempo. Ya en 1998, las mujeres representaban el 18% del total de la comunidad.

Evolución de la población senegalesa en España separada por género de 1998-2019. Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Elaboración: RUIDO Photo.

 

En las dos primeras décadas del siglo XX suceden dos fenómenos importantes que afectan los flujos migratorios entre Senegal y España: la mal llamada ‘crisis de los cayucos’, que tuvo su pico en 2006, en el que llegaron a España casi 40.000 migrantes irregulares por mar a las Islas Canarias. La mayoría de ellos  zarpaban de Nouadhibou (Mauritania) o de la costa senegalesa.

La crisis económica incidió en la población senegalesa residente en España especialmente a partir de 2010. Las personas inmigrantes tenían más dificultades para conseguir trabajo y pagar los altos precios del alquiler. Entre 2007 y 2011, la tasa de desempleo entre los inmigrantes se triplicó, alcanzando un 32,8%. Este porcentaje era más alto que la tasa de desempleo entre la población española, que llegó al 19,6%, según un informe de la Plataforma para la Cooperación de los Migrantes Irregulares (PICUM). Entre 2010 y 2014, más de 7.000 senegaleses se marcharon de España. En su conjunto, la población senegalesa se estancó hasta 2015, cuando volvió a su tendencia ascendente.

 

Un proyecto elaborado por RUIDO Photo con la colaboración de Open Arms y Acció Solidària i Logística (ASL), organizaciones que cuentan con proyectos de sensibilización y desarrollo en Senegal. 

** Este reportaje se ha realizado con el apoyo financiero de la Unión Europea, el proyecto Frame, Voice, Report!, Lafede.cat, el Ayuntamiento de Barcelona y la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament. Los contenidos de este reportaje son responsabilidad exclusiva de Open Arms, RUIDO Photo y los autores, Clara Roig y Pau Coll, y en ningún caso se puede considerar que reflejen la posición de la Unión Europa.

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